HATHAYOGA TRADICIONAL, MI YOGA FÁCIL

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martes, 9 de junio de 2009

La fugacidad hace de toda vivencia un fantasma

Uno de los aspectos más desoladores del tiempo es la fugacidad. El tiempo pasa y se lo lleva todo. Esto puede ser un consuelo cuando sufres, te consuela pensar que ya pasará. Lo contrario es igualmente cierto: cuando lo estás pasando muy bien y te sientes feliz, estás con la persona amada y la vida no podría ser mejor. Esta tarde o día perfecto le dices a tu corazón: “dios mío, cuanto me gustaría que esto fuera para siempre así”.
Pero es imposible; todo tiene un fin.
Fausto implora al momento que pasa. “Detente un poco, eres tan bello…”

La fugacidad es la fuerza del tiempo que convierte toda vivencia en un fantasma. Jamás hubo un alba, por bella que fuese, que no diera lugar al mediodía. Jamás un mediodía dejó de correr hacia la tarde y ésta hacia la noche. Nunca hubo un día que no fuera a parar al cementerio de la noche. Así, todo lo que nos sucede se vuelve fantasma por la obra de la fugacidad.

(Del libro “Anam Cara, El Libro de la Sabiduría Celta, John O’Donohue)

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